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Este remanso de paz, junto con el fatídico Mediajo, es sin duda donde se conservan las cicatrices permanentes de la Era Mesozóica (periodo jurásico). A la derecha, piedras menudas, sus cuevas se resistieron a salir por los aires ante aquella enorme explosión. Con millones de piedra viva, las cuales, al no ceder, salieron despedidas; dejaron unos huecos de media circunferencia que aún se conservan, por si vuelve a repetirse.

Este sitio de Socobio se derrumbó el año pasado desde unos cincuenta metros de altura y media tonelada de tierra, al llegar al suelo, se convirtieron en almejas petrificadas. Estas almejas, junto con el bloque desprendido, resultaron ser una tierra arenosa y a su caída salieron despedidas y subiendo la marea se lo llevó. Daban la impresión de haberlas sacado del mar. Entre éstas había algunos caracoles marítimos de gran tamaño y de una especie, al parecer, distinta, a la conocida hoy en nuestras costas; esto mismo ocurre en otros lugares del pueblo, lo que demuestra que, en otros tiempos, fue una enorme ría, teniendo, así, respectivos lugares de nacimientos en, la hoy, Cueva de Cualventy y la llamada de Cotera.

Estos ríos, debido a la enorme convulsión sufrida, se perdieron, apareciendo metros más abajo del que se llamó Torco. También la actual generación lo vería desaparecer por el año 1938, debido creemos, a un pequeño temblor de tierra ocurrido en el mes de octubre de ese año.

Valetín Usamentiaga