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Si las leyendas del Pueblo de Oreña son muy pobres, no así las que tenemos al día, pues de generación en generación se viene transmitiendo la de San Bartolomé. Esta joya mozárabe que su mayor riqueza es su pobreza y que, nos dijeron nuestros antepasados, fue construida en el siglo IX . Su arco, que en su construcción sufrió un poco de variación, es lo que más llama la atención a los visitantes. Sus ventanas, sin guardar simetría, parecen hechas por aficionados, lo contrario de su arco.

Esta ermita muy discutido lo mozárabe por personalidades que la han visitado y que no concuerdan, pues algunos la sitúan Ramiresca, otros posterior, etc, pero, repitiendo, es la única leyenda que tenemos al día en el Barrio de Caboredondo, lugar en el que está situada. Sus vecinos, apoyados por las autoridades, hicieron verdaderos sacrificios para su reconstrucción y, actualmente, es el orgullo de todos ellos.

Es tan vieja esta ermita que las figuras de sus canecillos, por efecto de las inclemencias del tiempo, están borradas, conservándose sólo las del ángulo muerto que representa un pecho femenino perfecto.

La Comisión que reconstruyó ésta, Ermitaño, ha dejado de realizar gestiones para saber el paradero de la primitiva imagen de San Bartolomé puesto que en el barrio se sabe hace muchísimos años que fue cambiada por otra de menor valor. Llegó cierto día un señor que le propuso el cambio al sacerdote de aquella época, llevándolo consigo. Al llegar el día de la fiesta es corriente, en días anteriores, limpiar la ermita y el santo; ese día acuden viejos y jóvenes a visitarle. Sin embargo, al año siguiente del cambio, llegó, entre otras Tía Segunda, al ver a San Bartolomé exclamó:

-        ¡Pero qué delgau te has quedau San Bartalomé!

 

A la risa de los demás, Tía Segunda se dio cuenta del cambio que le habían dado a esta imagen. Quien se quedó sin la imagen fue la ermita que era la primera parroquia con la que contó el Pueblo de Oreña.

Valetín Usamentiaga