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Este viejísimo molino, muy cerca del Puerto y que hace muchísimos años fue reconstruido con los últimos sillares del Palacio de los Calderones, es el sitio más solitario de Oreña. Los molineros, que se sucedieron a lo largo de su historia, fueron hombres bregados pues pensando solamente en el rugido de permanente de la Cueva de Oreña, a pocos metros, no se sabe cómo podrían conciliar el sueño, pero a pesar de esto ha estado siempre habitado.

En este molino ocurrió un caso que, si hubiese pasado hace muchos años, dirían que era pura fábula. Les tocó en suerte en aquella ocasión a Tía Lucinda y Tío Jorge; se había criado entre ellos un sobrino, siendo niño aún, llamado Andrés Fernández, hoy propietario actual de dicho molino.

El molino está separado varios metros de la vivienda y, una tarde, mientras Tía Lucinda y Andresín estaban maquilando en el molino, se metió en la cocina de la casa un raposo. Nadie supo el tiempo que allí llevaba cuando entró el Tío Jorge, el cual al verlo dio unos pasos atrás y cerró la puerta; entró en la cuadra, agarró la pala de ganchos, al tiempo que iba a la cocina, diciéndole al zorro “no intentes escapar, pues estás perdido”. Pero he aquí que, cuando Tío Jorge le fue a clavar, el zorro pegó un salto, escapó por la chimenea y exclamó Tío Jorge aquellas palabras históricas en Oreña “¡me has cogido!”.

 

Valetín Usamentiaga.